Oratorio Digital

Hoja Dominical · Lecturas de noviembre

Calendario litúrgico mensual
Noviembre 2026

Hoja Dominical Interactiva

Noviembre 2026

«El Señor enjugará toda lágrima de sus ojos»

Apocalipsis 7:17 · Todos los Santos

Tema del Mes

Un mes de esperanza cristiana: recordamos a los santos y a quienes han muerto en Cristo; escuchamos el llamado profético a la justicia; aguardamos la venida del Señor con fe activa; celebramos a Cristo Rey, que se identifica con las personas vulnerables; y comenzamos el Adviento clamando: «¡Ven, Señor!».

1 de noviembre

Todos los Santos

8 de noviembre

32.º domingo del Tiempo Ordinario

15 de noviembre

33.º domingo del Tiempo Ordinario

22 de noviembre

Cristo Rey del Universo

29 de noviembre

Primer domingo de Adviento

Calendario de Lecturas

Cada domingo contiene cuatro lecturas principales y su oración del día.

1

Todos los Santos

Domingo, 1 de noviembre de 2026

La multitud de los redimidos alaba al Cordero. En Cristo somos hijos de Dios y recibimos la promesa de consuelo, justicia y vida eterna.

Apocalipsis 7:9-17 · Salmo 34:1-10, 22 · 1 Juan 3:1-3 · Mateo 5:1-12

8

32.º domingo del Tiempo Ordinario

Domingo, 8 de noviembre de 2026

Amós llama a dejar que la justicia fluya como un río. Pablo consuela a quienes lloran y anuncia la esperanza de la resurrección. Jesús invita a estar preparados para la llegada del esposo.

Amós 5:18-24 · Salmo 70 · 1 Tesalonicenses 4:13-18 · Mateo 25:1-13

15

33.º domingo del Tiempo Ordinario

Domingo, 15 de noviembre de 2026

El día del Señor llama a vivir despiertos y con esperanza. Jesús confía dones a sus siervos para que los pongan al servicio del bien común, en lugar de esconderlos por miedo.

Sofonías 1:7, 12-18 · Salmo 90:1-8, [9-11], 12 · 1 Tesalonicenses 5:1-11 · Mateo 25:14-30

22

Cristo Rey del Universo

Domingo, 22 de noviembre de 2026

Cristo reina como pastor y juez misericordioso. Su señorío se reconoce en el cuidado del hambriento, el sediento, la persona extranjera, la enferma, la desnuda y la encarcelada.

Ezequiel 34:11-16, 20-24 · Salmo 95:1-7a · Efesios 1:15-23 · Mateo 25:31-46

29

Primer domingo de Adviento

Domingo, 29 de noviembre de 2026

Comienza el Adviento con el clamor por la presencia de Dios. Isaías pide que Dios rasgue los cielos; el salmista suplica restauración; Pablo recuerda la fidelidad divina; y Jesús llama a velar con esperanza.

Isaías 64:1-9 · Salmo 80:1-7, 17-19 · 1 Corintios 1:3-9 · Marcos 13:24-37

Confesión y Perdón

Dios santo y misericordioso, confesamos que hemos confiado más en nuestra preparación que en tu invitación. Hemos puesto nuestra religiosidad por encima del cuidado de las personas que amas. El miedo y la vergüenza nos impiden entrar plenamente en relación contigo y con el prójimo. No siempre estamos despiertos a la llegada de tu Reino.

Despiértanos y rescátanos para entrar en tu alegría. Restáuranos como tu pueblo, límpianos del pecado y cúbrenos con tu justicia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Recibe las riquezas de la gracia de Dios. Jesucristo, el buen Pastor, te alimenta con su misericordia. Eres perdonado. Bendito seas. Amén.

Cómo usar la hoja

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Palabra de Dios · I

Todos los Santos y 32.º domingo del Tiempo Ordinario.

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Todos los Santos

Domingo, 1 de noviembre de 2026

Todos los Santos

La multitud de los redimidos alaba al Cordero. En Cristo somos hijos de Dios y recibimos la promesa de consuelo, justicia y vida eterna.

9 Después de esto vi una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de blanco y con ramas de palma en las manos.

10 Gritaban con voz fuerte: «¡La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero!»

11 Todos los ángeles estaban alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Se postraron rostro en tierra delante del trono y adoraron a Dios, 12 diciendo: «¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza pertenecen a nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!»

13 Entonces uno de los ancianos me preguntó: «¿Quiénes son estos que están vestidos de blanco y de dónde han venido?» 14 Yo le respondí: «Señor, tú lo sabes». Él me dijo: «Estos son los que han salido de la gran tribulación. Han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

15 Por eso están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su templo; quien está sentado en el trono los protegerá con su presencia. 16 Ya no tendrán hambre ni sed; no los abatirá el sol ni calor alguno, 17 porque el Cordero que está en medio del trono será su pastor y los guiará a fuentes de agua viva, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».

«Teman al Señor, ustedes sus santos, porque nada falta a quienes le temen» (Salmo 34:9).

1 Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca. 2 Mi alma se gloría en el Señor; que lo escuchen los humildes y se alegren.

3 Engrandezcan conmigo al Señor; exaltemos juntos su nombre. 4 Busqué al Señor y él me respondió; me libró de todos mis temores.

5 Quienes miran al Señor resplandecen y sus rostros no se avergüenzan. 6 Este pobre clamó y el Señor lo escuchó; lo salvó de todas sus angustias.

7 El ángel del Señor acampa alrededor de quienes le temen y los libra. 8 Prueben y vean que el Señor es bueno; feliz quien se refugia en él.

9 Teman al Señor, ustedes sus santos, porque nada falta a quienes le temen. 10 Los leoncillos padecen necesidad y hambre, pero a quienes buscan al Señor no les faltará ningún bien.

22 El Señor rescata la vida de sus siervos; no serán condenados quienes se refugian en él.

1 ¡Miren cuánto amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios! Y eso es lo que somos. Por eso el mundo no nos conoce, porque tampoco lo conoció a él.

2 Amados, ahora somos hijos de Dios, aunque todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.

3 Quien tiene esta esperanza en él se purifica, así como él es puro.

1 Cuando Jesús vio a la multitud, subió al monte y se sentó. Sus discípulos se acercaron a él, 2 y comenzó a enseñarles:

3 «Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Dichosos quienes lloran, porque serán consolados. 5 Dichosos los mansos, porque heredarán la tierra.

6 Dichosos quienes tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 7 Dichosos los misericordiosos, porque recibirán misericordia. 8 Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.

9 Dichosos quienes trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Dichosos quienes son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11 Dichosos ustedes cuando los insulten, los persigan y digan falsamente contra ustedes toda clase de mal por causa mía. 12 Alégrense y regocíjense, porque su recompensa es grande en los cielos; de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes de ustedes».

Oración del día: Dios todopoderoso, has unido a tu pueblo en una sola comunión dentro del cuerpo místico de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Concédenos la gracia de seguir a tus santos en vidas de fe y entrega, y de conocer los gozos inefables que has preparado para quienes te aman; por Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Leccionario 32 · Año A

Domingo, 8 de noviembre de 2026

32.º domingo del Tiempo Ordinario

Amós llama a dejar que la justicia fluya como un río. Pablo consuela a quienes lloran y anuncia la esperanza de la resurrección. Jesús invita a estar preparados para la llegada del esposo.

18 ¡Ay de ustedes, que desean el día del Señor! ¿Para qué quieren ese día? Será oscuridad y no luz. 19 Será como quien huye de un león y se encuentra con un oso; o como quien entra en casa, apoya la mano en la pared y lo muerde una serpiente.

20 ¿Acaso el día del Señor no será oscuridad y no luz, tiniebla sin resplandor alguno?

21 «Detesto y desprecio sus fiestas; no me agradan sus asambleas solemnes. 22 Aunque me ofrezcan holocaustos y ofrendas de cereal, no los aceptaré; no miraré las ofrendas de paz de sus animales engordados.

23 Aparten de mí el ruido de sus cantos; no escucharé la música de sus arpas. 24 ¡Que fluya el derecho como las aguas y la justicia como un arroyo inagotable!»

«Tú eres mi ayuda y mi libertador; Señor, no tardes» (Salmo 70:5).

1 Apresúrate, oh Dios, a librarme; Señor, ven pronto en mi ayuda. 2 Queden avergonzados y confundidos quienes buscan quitarme la vida; retrocedan y sean humillados quienes se alegran de mi desgracia.

3 Vuélvanse atrás avergonzados quienes se burlan de mí. 4 Que se alegren y se regocijen en ti todos los que te buscan; que quienes aman tu salvación digan siempre: «¡Grande es el Señor!»

5 Yo soy pobre y necesitado; ven pronto a mí, oh Dios. Tú eres mi ayuda y mi libertador; Señor, no tardes.

13 Hermanos y hermanas, no queremos que ignoren lo que sucede con quienes han muerto, para que no se entristezcan como quienes no tienen esperanza. 14 Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Jesús a quienes murieron en él.

15 Esto les declaramos conforme a la palabra del Señor: nosotros, los que quedemos vivos hasta la venida del Señor, no tendremos precedencia sobre quienes hayan muerto. 16 El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios; entonces resucitarán primero los muertos en Cristo.

17 Después nosotros, los que quedemos vivos, seremos arrebatados junto con ellos entre nubes para encontrarnos con el Señor en el aire; y así estaremos para siempre con el Señor. 18 Por tanto, anímense unos a otros con estas palabras.

1 «Entonces el reino de los cielos será semejante a diez jóvenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. 2 Cinco eran insensatas y cinco prudentes. 3 Las insensatas tomaron sus lámparas, pero no llevaron aceite; 4 las prudentes, en cambio, llevaron aceite en sus recipientes junto con sus lámparas.

5 Como el esposo tardaba, todas comenzaron a cabecear y se durmieron. 6 A medianoche se oyó un grito: “¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a recibirlo!” 7 Todas las jóvenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.

8 Las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. 9 Pero las prudentes respondieron: “No, porque quizá no alcance para nosotras y para ustedes; vayan a quienes lo venden y compren”.

10 Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo. Las que estaban preparadas entraron con él a la fiesta de bodas, y se cerró la puerta. 11 Después llegaron también las otras jóvenes y dijeron: “¡Señor, señor, ábrenos!” 12 Pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. 13 Por tanto, manténganse despiertos, porque no conocen el día ni la hora».

Oración del día: Dios de justicia y amor, iluminas nuestro camino con las palabras de tu Hijo. Danos la luz que necesitamos y despiértanos ante las necesidades de los demás; por Jesucristo, nuestro Salvador y Señor. Amén.

Palabra de Dios · II

33.º domingo del Tiempo Ordinario y Cristo Rey.

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Leccionario 33 · Año A

Domingo, 15 de noviembre de 2026

33.º domingo del Tiempo Ordinario

El día del Señor llama a vivir despiertos y con esperanza. Jesús confía dones a sus siervos para que los pongan al servicio del bien común, en lugar de esconderlos por miedo.

7 ¡Guarda silencio ante el Señor Dios, porque el día del Señor está cerca! El Señor ha preparado un sacrificio y ha consagrado a sus invitados.

12 En aquel tiempo registraré Jerusalén con lámparas y castigaré a quienes se acomodan como sedimentos en el vino, a quienes dicen en su corazón: «El Señor no hará ni bien ni mal». 13 Sus riquezas serán saqueadas y sus casas quedarán desoladas. Construirán casas, pero no vivirán en ellas; plantarán viñas, pero no beberán su vino.

14 Está cerca el gran día del Señor; viene rápidamente. ¡Amargo será el clamor del día del Señor, y hasta el guerrero gritará! 15 Será día de ira, angustia y aflicción, de ruina y devastación, de oscuridad y tinieblas, de nubes y densas sombras; 16 día de trompeta y grito de guerra contra las ciudades fortificadas y sus altas torres.

17 Traeré angustia sobre la humanidad y caminarán como ciegos, porque pecaron contra el Señor. Su sangre será derramada como polvo y sus cuerpos como desecho. 18 Ni su plata ni su oro podrán salvarlos en el día de la ira del Señor. En el fuego de su celo toda la tierra será consumida, porque él traerá un fin repentino y terrible sobre todos los habitantes de la tierra.

«Enséñanos a contar nuestros días para que nuestro corazón alcance sabiduría» (Salmo 90:12).

1 Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. 2 Antes de que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde siempre y para siempre tú eres Dios.

3 Haces volver al ser humano al polvo y dices: «Vuelvan, hijos de la humanidad». 4 Mil años ante tus ojos son como el día de ayer que pasó, como una vigilia de la noche. 5 Arrasas con ellos: son como un sueño; por la mañana son como hierba que brota. 6 Por la mañana florece y crece; al atardecer se marchita y se seca.

7 Nos consume tu indignación y nos desconcierta tu ira. 8 Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros secretos a la luz de tu rostro.

9 Nuestros días declinan bajo tu enojo; terminamos nuestros años como un suspiro. 10 Nuestra vida dura setenta años, u ochenta si tenemos fuerzas; aun lo mejor de ellos es fatiga y aflicción, pues pasan pronto y desaparecemos. 11 ¿Quién conoce el poder de tu ira? ¿Quién comprende tu indignación como merece?

12 Enséñanos a contar nuestros días para que nuestro corazón alcance sabiduría.

1 Hermanos y hermanas, no necesitan que les escribamos acerca de los tiempos y las ocasiones. 2 Ustedes saben bien que el día del Señor llegará como ladrón en la noche. 3 Cuando la gente diga: «Hay paz y seguridad», entonces vendrá sobre ella la destrucción repentina, como los dolores de parto sobre una mujer embarazada; no podrán escapar.

4 Pero ustedes, hermanos y hermanas, no están en la oscuridad para que ese día los sorprenda como ladrón. 5 Todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día; no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás; mantengámonos despiertos y sobrios.

7 Quienes duermen, duermen de noche, y quienes se embriagan, lo hacen de noche. 8 Nosotros, que pertenecemos al día, seamos sobrios y revistámonos con la coraza de la fe y del amor, y con el casco de la esperanza de salvación. 9 Dios no nos destinó para la ira, sino para obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10 quien murió por nosotros para que, despiertos o dormidos, vivamos juntamente con él. 11 Por eso, anímense y edifíquense mutuamente, como ya lo hacen.

14 «El reino también es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus siervos y les confió sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se fue. 16 El que recibió cinco talentos negoció con ellos y ganó otros cinco. 17 Del mismo modo, el que recibió dos ganó otros dos. 18 Pero el que recibió uno fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

19 Después de mucho tiempo regresó el señor de aquellos siervos y ajustó cuentas con ellos. 20 Se presentó el que había recibido cinco talentos, llevó otros cinco y dijo: “Señor, me confiaste cinco talentos; aquí tienes otros cinco que he ganado”. 21 Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho. Entra en el gozo de tu señor”.

22 Se presentó también el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, me confiaste dos talentos; aquí tienes otros dos que he ganado”. 23 Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho. Entra en el gozo de tu señor”.

24 Por último se presentó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres un hombre duro: cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. 25 Tuve miedo y fui a esconder tu talento en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo”.

26 Su señor le respondió: “Siervo malo y perezoso, ¿sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? 27 Entonces debías haber depositado mi dinero en el banco, para que al regresar lo recibiera con intereses. 28 Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. 29 Porque a quien tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero a quien no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. 30 Y a este siervo inútil échenlo a las tinieblas de afuera; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

Oración del día: Dios justo, nuestro Señor misericordioso, la tierra y todos sus pueblos te pertenecen, y de ti recibimos todo lo que tenemos. Líbranos del miedo que esconde tus dones; danos valor para servir a nuestro prójimo con fidelidad y esperanza, por Jesucristo, nuestro Salvador y Señor. Amén.

Cristo Rey · Leccionario 34

Domingo, 22 de noviembre de 2026

Cristo Rey del Universo

Cristo reina como pastor y juez misericordioso. Su señorío se reconoce en el cuidado del hambriento, el sediento, la persona extranjera, la enferma, la desnuda y la encarcelada.

11 Así dice el Señor Dios: Yo mismo buscaré a mis ovejas y cuidaré de ellas. 12 Como el pastor cuida de su rebaño cuando está entre las ovejas dispersas, así cuidaré yo de mis ovejas y las rescataré de todos los lugares donde fueron dispersadas en el día de nubes y oscuridad.

13 Las sacaré de entre los pueblos, las reuniré de los países y las llevaré a su propia tierra. Las apacentaré en los montes de Israel, junto a los arroyos y en todos los lugares habitados. 14 Las alimentaré en buenos pastizales; tendrán su majada en los altos montes de Israel y descansarán allí en un buen redil, con pastos abundantes. 15 Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las haré descansar, dice el Señor Dios.

16 Buscaré a la perdida, haré volver a la extraviada, vendaré a la herida y fortaleceré a la débil; pero destruiré a la engordada y fuerte. Las apacentaré con justicia.

20 Por eso, así les dice el Señor Dios: Yo mismo juzgaré entre la oveja gorda y la flaca. 21 Ustedes empujaron con el costado y el hombro y embistieron con sus cuernos a las débiles, hasta dispersarlas. 22 Yo salvaré a mi rebaño; ya no será saqueado, y juzgaré entre una oveja y otra.

23 Pondré sobre ellas un solo pastor, mi siervo David; él las apacentará y será su pastor. 24 Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellas. Yo, el Señor, he hablado.

«Él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de sus pastos, el rebaño que él guía» (Salmo 95:7).

1 Vengan, cantemos con júbilo al Señor; aclamemos a la roca de nuestra salvación. 2 Lleguemos ante su presencia con acción de gracias y cantémosle con alegría.

3 Porque el Señor es un Dios grande, un gran rey por encima de todos los dioses. 4 En su mano están las profundidades de la tierra y suyas son las cumbres de los montes.

5 Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca. 6 Vengan, adoremos y postrémonos; arrodillémonos ante el Señor, nuestro creador.

7a Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de sus pastos, el rebaño que él guía.

15 He oído de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que muestran a todos los santos; 16 por eso no dejo de dar gracias por ustedes, recordándolos en mis oraciones. 17 Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo.

18 Que ilumine los ojos de su corazón para que sepan cuál es la esperanza a la que los ha llamado, cuáles son las riquezas de su gloriosa herencia entre los santos 19 y cuál es la inmensa grandeza de su poder para quienes creemos, conforme a la fuerza poderosa que ejerció en Cristo.

20 Dios desplegó ese poder en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en los lugares celestiales, 21 por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío, y por encima de todo nombre que se pueda nombrar, no solo en esta época, sino también en la venidera.

22 Dios sometió todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó cabeza de todas las cosas para la Iglesia, 23 que es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.

31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los ángeles con él, se sentará en su trono glorioso. 32 Todas las naciones serán reunidas delante de él, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. 33 Pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.

34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui extranjero y me recibieron; 36 estuve desnudo y me vistieron; enfermo y me cuidaron; en la cárcel y me visitaron”.

37 Entonces los justos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” 40 El Rey les responderá: “Les aseguro que cuanto hicieron por uno de estos hermanos y hermanas más pequeños, por mí lo hicieron”.

41 Luego dirá a los de su izquierda: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; 43 fui extranjero y no me recibieron; estuve desnudo y no me vistieron; enfermo y en la cárcel y no me visitaron”.

44 Ellos también preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo o encarcelado y no te ayudamos?” 45 Entonces les responderá: “Les aseguro que cuanto dejaron de hacer por uno de estos más pequeños, también dejaron de hacerlo por mí”. 46 Estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

Oración del día: Dios de poder y misericordia, tu Hijo nos muestra el camino del servicio y en él heredamos las riquezas de tu gracia. Danos sabiduría para reconocerlo en quienes tienen hambre, sed, enfermedad, soledad o prisión, y sírvelos con amor; por Jesucristo, nuestro Salvador y Señor. Amén.

Palabra de Dios · III

Primer domingo de Adviento.

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Adviento · Año B

Domingo, 29 de noviembre de 2026

Primer domingo de Adviento

Comienza el Adviento con el clamor por la presencia de Dios. Isaías pide que Dios rasgue los cielos; el salmista suplica restauración; Pablo recuerda la fidelidad divina; y Jesús llama a velar con esperanza.

1 ¡Ojalá rasgaras los cielos y descendieras, de modo que los montes temblaran ante tu presencia, 2 como el fuego enciende la maleza y hace hervir el agua! Así darías a conocer tu nombre a tus adversarios, y las naciones temblarían ante ti.

3 Cuando hiciste cosas asombrosas que no esperábamos, descendiste y los montes temblaron ante tu presencia. 4 Desde tiempos antiguos nadie ha oído ni percibido, ningún ojo ha visto a otro Dios fuera de ti, que actúe en favor de quienes esperan en él.

5 Sales al encuentro de quienes practican la justicia con alegría y recuerdan tus caminos. Pero te enojaste, porque pecamos; persistimos en ellos desde hace mucho tiempo. ¿Cómo podremos ser salvos? 6 Todos nosotros somos como alguien impuro, y toda nuestra justicia es como un trapo manchado. Nos marchitamos como hojas y nuestras maldades nos arrastran como el viento.

7 Nadie invoca tu nombre ni se esfuerza por aferrarse a ti, porque escondiste tu rostro de nosotros y nos entregaste al poder de nuestras maldades. 8 Sin embargo, Señor, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos el barro y tú nuestro alfarero; todos somos obra de tus manos.

9 No te enojes tanto, Señor, ni recuerdes para siempre nuestra maldad. Mira, te rogamos: todos somos tu pueblo.

«Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros y seremos salvos» (Salmo 80:7).

1 Pastor de Israel, escucha; tú que guías a José como a un rebaño, resplandece desde tu trono sobre los querubines. 2 Despierta tu poder delante de Efraín, Benjamín y Manasés, y ven a salvarnos.

3 Restáuranos, oh Dios; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros y seremos salvos. 4 Señor, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo arderá tu enojo contra la oración de tu pueblo?

5 Les diste a comer pan de lágrimas y a beber lágrimas en abundancia. 6 Nos convertiste en motivo de disputa para nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros. 7 Restáuranos, Dios de los ejércitos; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros y seremos salvos.

17 Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hijo de humanidad que fortaleciste para ti. 18 Así no nos apartaremos de ti; danos vida e invocaremos tu nombre. 19 Restáuranos, Señor, Dios de los ejércitos; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros y seremos salvos.

3 Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 4 Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús, 5 pues por medio de él han sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento.

6 Así se ha confirmado entre ustedes el testimonio acerca de Cristo, 7 de modo que no les falta ningún don mientras esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. 8 Él los fortalecerá hasta el fin para que sean irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo.

9 Fiel es Dios, por quien fueron llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

24 «En aquellos días, después de esa tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo y las potencias celestiales serán sacudidas. 26 Entonces verán al Hijo del hombre venir entre nubes con gran poder y gloria. 27 Él enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos desde los cuatro vientos, desde los confines de la tierra hasta los confines del cielo.

28 Aprendan la lección de la higuera: cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, saben que se acerca el verano. 29 De la misma manera, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas. 30 Les aseguro que esta generación no pasará antes de que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

32 En cuanto al día o la hora, nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino solo el Padre. 33 ¡Estén atentos y despiertos, porque no saben cuándo llegará el momento!

34 Es como un hombre que se va de viaje: deja su casa, asigna a cada siervo su tarea y ordena al portero que vigile. 35 Por tanto, manténganse despiertos, porque no saben cuándo regresará el dueño de la casa: al anochecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. 37 Lo que les digo a ustedes, se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!»

Oración del día: Despierta tu poder y ven, Señor Cristo. Por tu misericordiosa protección, líbranos de los peligros de nuestros pecados y guárdanos irreprochables hasta la llegada de tu nuevo día; porque vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Lecturas alternativas del leccionario

Opciones semicontinuas indicadas en los documentos fuente.

Domingo 8 de noviembre

Sabiduría 6:12-16 (lectura alternativa); Josué 24:1-3a, 14-25 y Salmo 78:1-7 (opción semicontinua).

Domingo 15 de noviembre

Jueces 4:1-7 y Salmo 123 (opción semicontinua).

Domingo 22 de noviembre

Ezequiel 34:11-16, 20-24 y Salmo 100 (opción semicontinua).

Las cuatro lecturas principales de cada domingo están incluidas completas en las secciones anteriores. Las opciones alternativas se listan aquí para conservar la referencia del leccionario fuente.

Oraciones de Intercesión

Respondemos: «Tu misericordia es grande».

Dios santo, te pedimos por la unidad de la Iglesia y por quienes trabajan para superar las divisiones religiosas. Que el mundo conozca tu amor. Escúchanos, oh Dios.

℟. Tu misericordia es grande.

Pastor de toda la creación, protege los lugares de belleza natural y restaura nuestra relación con la tierra. Danos sabiduría para cuidar lo que nos has confiado. Escúchanos, oh Dios.

℟. Tu misericordia es grande.

Dios de consuelo, acompaña a las comunidades afectadas por desastres, violencia o necesidad. Da fortaleza a quienes realizan tareas de rescate y ayuda. Escúchanos, oh Dios.

℟. Tu misericordia es grande.

Padre misericordioso, enjuga las lágrimas de quienes están enfermos, sufren o atraviesan el duelo. Sostén a quienes viven en soledad y fortalece a quienes acompañan a otros. Escúchanos, oh Dios.

℟. Tu misericordia es grande.

Señor de la mesa abierta, haz que nuestra comunidad reciba a todas las personas con dignidad y amor. Que reconozcamos a Cristo en quienes tienen hambre, sed, carecen de hogar, están enfermos o privados de libertad. Escúchanos, oh Dios.

℟. Tu misericordia es grande.

Dios fiel, damos gracias por quienes nos precedieron en la fe y descansan en tu promesa. Mantennos firmes en la esperanza de la resurrección y de la vida nueva. Escúchanos, oh Dios.

℟. Tu misericordia es grande.

Confiando en tu gracia sin límites, elevamos estas oraciones y las que guardamos en el corazón; por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración de las ofrendas

Dios de la creación, envías la lluvia y haces que la tierra produzca en abundancia. Todas las bendiciones vienen de ti; haznos generosos con lo que tenemos. Usa nuestros dones, capacidades y corazones a tu servicio y en amor al prójimo, hoy y siempre. Amén.

Invitación a la Comunión

Cristo te invita a su mesa. Quienes tienen sed y quienes tienen hambre, ¡vengan!

Oración después de la Comunión

Dios sustentador, con este pan y esta copa nos nutres con misericordia y vida abundante. Por tu Espíritu, envíanos desde esta mesa a servir a un mundo necesitado. Haznos señales vivas de liberación, sanidad y amor, siguiendo el camino de Jesús. Amén.

Vivir la Palabra durante noviembre

Una fe sostenida por la gracia que se vuelve justicia, vigilancia y servicio.

Clave luterana del mes

La salvación es don de Dios en Jesucristo, no premio por nuestros méritos. Esa gracia nos consuela ante la muerte, nos despierta ante la injusticia, nos libera del miedo que entierra los dones y nos llama a servir a Cristo en las personas más vulnerables. Esperar al Señor no es permanecer inmóviles: es vivir de su promesa y amar al prójimo.

Prácticas para el mes

Memoriza la Palabra
«Dichosos quienes trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios».

— Mateo 5:9

Horarios de Culto

  • 11:00 am - Santa Misa Evangélica
  • 12:30 pm - Ágape / Koinonía
  • 1:00 pm - Catequesis Bíblica Familiar

Ubicación Presencial

Oratorio del Espíritu Santo
Av San Rafael Atlixco,
Tláhuac, México, 13010

Santoral y Conmemoraciones

Todos los Santos

Dom 1 nov.

Celebramos a todo el pueblo de Dios, vivo y difunto, unido como cuerpo de Cristo. Muchas comunidades recuerdan en esta fecha a quienes murieron durante el año.

Martín de Porres

Mar 3 nov.

Religioso dominico recordado por su servicio caritativo en Lima y por las obras que promovió en favor de personas vulnerables y animales.

Heyer, Ziegenbalg y Nommensen

Sáb 7 nov.

Misioneros luteranos recordados por su labor bíblica, educativa y pastoral entre pueblos de India y Sumatra, con atención a la lengua y la cultura local.

Martín de Tours y Søren Kierkegaard

Mié 11 nov.

Martín es recordado por su solidaridad con una persona pobre; Kierkegaard, por su reflexión teológica y crítica de la complacencia religiosa.

Isabel de Hungría

Mar 17 nov.

Recordada por su generosidad hacia las personas pobres y por su servicio en circunstancias difíciles.

Clemente de Roma y Miguel Agustín Pro

Lun 23 nov.

Clemente exhortó al amor entre cristianos; Miguel Agustín Pro es recordado por su ministerio entre las personas pobres y su muerte como mártir en México.

Falckner, Jehu Jones y William Passavant

Mar 24 nov.

Pastores recordados por su labor eclesial, misionera y de servicio social en Norteamérica.

Isaac Watts, autor de himnos

Mié 25 nov.

Himnógrafo cuya obra incluye numerosos himnos inspirados en los salmos.

Andrés, apóstol

Lun 30 nov.

Uno de los primeros discípulos llamados por Jesús, conocido por llevar a otras personas a encontrarse con el Salvador.

Bendición Final

El Dios de esperanza fortalezca sus corazones.
El Dios de misericordia les conceda servir con alegría.
El Dios de toda gracia ☩ les bendiga ahora y siempre.
Amén.

Salgan con alegría. Sean guiados en paz. Demos gracias a Dios.

ORATORIO DIGITAL DIOS PADRE

PALABRA • GRACIA • ESPERANZA